Reseña: Mi Amigo Enzo

Título original: The art of racing in the rain

Director: Simon Curtis

Reparto: Gary Cole, Amanda Seyfried, Milo Ventimiglia

País: Estados Unidos

Género: Drama

Año: 2019

Duración: 109 min.

Estreno: 23 de agosto de 2019

 

Directamente al corazón de los amantes de los caninos y los dramas emocionales, “Mi Amigo Enzo” cuenta una historia conmovedora y sentimental que no toma riesgos y complace muy bien a su público con una cinta que es todo lo que se espera de ella y que funciona sin necesidad de proponer algo novedoso ni ser realmente sobresaliente en su técnica.

Basada en el best seller de Garth Stein, MI AMIGO ENZO es una historia narrada por un astuto y filosófico perro llamado Enzo (cuya voz en inglés será la de Kevin Costner). A través de la relación con su dueño Denny Swift (Milo Ventimiglia) -un piloto de carreas aspirante a competir en la Fórmula Uno, Enzo ha adquirido un entendimiento avanzado de lo que significa ser un humano y cree que las técnicas que se necesitan en la pista de carreras, también podrían ser aplicadas para conducirse de manera exitosa por la vida. La película sigue a Denny y al amor de su vida —su esposa Eve (Amanda Seyfried), su joven hija Zöe (Ryan Kiera Armstrong) y finalmente, Enzo, su mejor amigo.

Como ya es costumbre, la traducción del título de la cinta augura el destino de la película misma al reducir a la obviedad un título original más profundo “El arte de correr en la lluvia“, que habla precisamente de la importancia de la lluvia como un suceso que sirve para crear la reflexión principal de la cinta: apropiarse de los obstáculos y nunca rendirse.

Mi amigo Enzo” se presenta prometedoramente con pensamientos y reflexiones filosóficas desde el punto de vista de Enzo que son verdaderamente interesantes pero que duran pocos instantes y se diluyen dentro de la recapitulación de la amistad entre éste y Danny para enfocarse casi por completo situaciones trágicas, una cada vez más dramática que la anterior, que te otorga pocos momentos de alivio cómico para reponerte.

En ese sentido, la cinta no otorga falsas promesas, sí o sí te consigue conmover con ese ataque emocional constante. Vas a ver una relación humano-perro y ahí está, tal como la imaginabas y quizás mejor, entras por amor a tu mascota y sales con la necesidad de correr a abrazarla y contarle toda tu vida. El objetivo era ese y se cumple.

De ahí en adelante lo demás es un simple telón de fondo. Las actuaciones son justas, nadie realmente destaca, podríamos incluso hablar de una aparición un tanto opaca de Amanda Seyfried; el desarrollo de los personajes es considerablemente bajo; la verosimilitud pende de un hilo; la congruencia a veces decae; los diálogos no siempre son atinados (e incluso políticamente correctos)…

El valor “cinematográfico” de “Mi Amigo Enzo” podría encasillarse dentro de las cintas que se ven en casa y en familia un buen domingo por la tarde  pero el valor de “entretenimiento” está a la altura de lo que sienten los aficionados a cintas de monstruos ante una producción de Godzilla: saben a lo que irán y consiguen lo que buscan y más. Es una cinta que queda como un recuerdo atado a un sentimiento que se perdurá en tu mente incluso más que la misma historia. Y, sinceramente, hay momentos de la vida en que lo que uno necesita no es un “Ciudadano Kane” sino otro “Hachiko“.

 

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Post Author: Enrique Bohórquez

En matrimonio con la ciencia, pero amante de las letras, la historia y la farándula,