Reseña: El misterio de Silver Lake

Título original: Under the Silver Lake
Director: David Robert mitchell
Reparto: Andrew Gardfield, Riley Keough
Género: Comedia, crimen drama
País: Estados Unidos
Año: 2019
Duración: 139 mins
Fecha de estreno: 14 de junio de 2019

 

 

Cuatro años después de presentar exitosamente “It follows”, David Robert Mitchell vuelve con una cinta en la que se siente su ya característico y peculiar estilo, ofreciéndonos una idea ambiciosa y original con un Andrew Gardfield carismático, pero cuyo producto final parece no lidiar armoniosamente con la manera de contarnos la historia por parte del director.

Sam (Garfield) es un joven de 33 años, que dedica su tiempo a los videojuegos y escuchar música, hasta que conoce a una misteriosa mujer, Sarah (Riley Keough), que se divierte en la piscina de su apartamento. Al otro día ella desaparece sin dejar rastro y Sam se embarca en una peligrosa búsqueda para encontrarla, llevándolo a las más misteriosas profundidades de secretos, escándalos y conspiraciones de la Ciudad de los Ángeles.

Momentos brillantes, inteligentes y entrañables se entrecruzan con instantes confusos, vacíos o hasta aparentemente banales. Si bien es cierto que esto podría representar parte del estilo de un director que centra su historia precisamente en la belleza de la “nada”, y en parte funciona, la manera de desarrollarlo parece no estar completamente madura aun en una trayectoria de un cineasta que aun se encuentra en sus primeros pasos.

Podríamos dividir en dos partes a este largometraje en la que casi todo sucede en durante la ultima hora, luego de un inicio en el que no solo pasa poco, sino que es poco, o nada, claro el tema central, la relevancia de los personajes y la ubicación temporal de los hechos. Es, sin lugar a dudas, el carisma del protagonista lo que sostiene esos primeros 60 minutos, pero ni él mismo logra sostener la transición a la recta final,marcada por un tono completamente distinto no solo en lo que se cuenta sino en el comportamiento de los personajes.

Las huellas que va siguiendo el protagonista en su rol de detective son intrigantes pero la resolución de las pistas sigue un patrón de conveniencia para la película. Es la historia la que guía a las pistas y no al revés, por lo que no es realmente una historia de un nuevo Sherlock Holmes, si bien no deja de sembrar dudas en un espectador ávido de explicaciones.

El discurso filosófico de fondo también llega a sentirse forzado. Hablar profundamente de todo, pero sobretodo de “nada”, es una propuesta interesante pero no se siente natural dentro de este mundo creado por Mitchell. El personaje de Gardfield pasa de un segundo a ser una figura detectivesca a  ser un cero a la izquierda en un universo donde nada tiene sentido ni importancia. Bien, es posible, pero parece desperdiciar una actuación para convertir al actor en solo un títere de las circunstancias.

El misterio de Silver Lake” recuerda a un programa formado por múltiples sketchs, es como un conjunto de piezas bellas de un rompecabezas que encaja pero que no forma una imagen igual de satisfactoria. Es tal vez ese su principal punto negativo, porque se nota (y se agradece) el atrevimiento de un director que apuesta por algo diferente, se disfrutan muchas cosas, pero al final no satisface el resultado global.

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Post Author: Enrique Bohórquez

En matrimonio con la ciencia, pero amante de las letras, la historia y la farándula,