Reseña: Dolor y Gloria

Director: Pedro Almodóvar

Reparto: Antonio Banderas, Penélope Cruz

País: España

Género: Drama

Año: 2019

Duración: 113 min.

Estreno: 4 de julio de 2019

 

Hoy en día el llamado cine de autor parece estar en sus últimos días. Pocos son los cineastas cuyas cintas reconoceríamos sin saberlo, y son aun menos los que logran reinventarse con los mismos elementos. Este es el caso de Pedro Almodóvar, quien luego de “Julieta” en 2016, regresa con su cine característico pero esta vez más personal, intímo y con un resultado por demás emotivo.

Salvador Mallo, un director de cine en su ocaso, recuerda su trayectoria vital y profesional desde su infancia en el pueblo valenciano de Paterna en los años 60. Salvador tiene vivos recuerdos de sus primeros amores, su primer deseo, su primer amor adulto en el Madrid de los 80 y su temprano interés por el cine.

Desde la tipografía de inicio y los colores brillantes hasta las mujeres, el drama, la madre, Antonio Banderas y Penélope Cruz. En menos de 5 minutos Almodóvar llega y se apropia de la pantalla hablando precisamente de ella, poniendo en la mesa todos los elementos con los que jugará, contándonos lo que veremos, llevándonos precisamente al lugar al que quiere que estemos.

 En ese sentido la película no falla a la hora de crear una obra visualmente bella con actuaciones a la altura de lo mejor de Banderas y Cruz, especialmente con el trabajo del primero a la hora de equilibrar el sufrimiento físico y mental con la nostalgia del pasado y la añoranza de un futuro mejor.

La pérdida y el distanciamiento son el eje central de esta obra en la que el protagonista ha perdido tanto que el saber que aún tiene cosas que perder es lo único que le hace ver que no todo está perdido. A pesar de los años intenta recuperar sus amistades, sus amores y su propia vida, la misma vida que se los arrebató. Y ese  intento termina siendo la gloria.

Dolor y Gloria” es preciso en su título al mostrarnos la decadencia creativa y la enfermedad en un cineasta que aspira a lograr de nuevo precisamente sus mejores días en su juventud, una juventud que hasta entonces había mantenido al margen de su vida y su trabajo. E innegablemente la conexión con la propia vida de Almodóvar surge a la luz rápidamente.

Dolor y Gloria” se construye hábilmente como una matroska de un director hablando sobre su vida a través de un director ficticio que habla de su vida ficticia. Incluso cuando en realidad podría constarnos que no es una autobiografía 100% de Almodóvar  la cinta se hace valer de detalles tan específicos y nítidos que el personaje construido cobra vida por sí mismo. El cineasta ficticio no solo esta enfermo, sabemos hasta qué hueso específico le duele, qué tratamiento tomará, cuánto lleva así…

Lo mismo sucede con su mente. Conocemos sus memorias con su madre en su infancia, en su adultez, a sus vecinas, a sus amigos, a sus enemigos, conocemos sobre su obra, sus amores. El protagonista se va creando desde el primer segundo y nosotros lo vemos crecer, recordar y sentir. Nos hace ser parte de él y es justo esa unión con el espectador el mayor mérito de la película.

La historia es clara y simple. Desde el inicio solo se vislumbran dos posibles desenlaces, uno feliz y otro no tanto. No hay mayor secreto, y en realidad no es realmente el objetivo. Lo importante, como a veces se dice, es el viaje. “Dolor y Gloria” es una antología, un recuento de daños, una semblanza de la vida de un cineasta puntual con acontecimientos puntuales pero con vivencias y emociones universales que tocan a cualquiera.

Posicionarla dentro la obra del director español requiere un análisis arriesgado ante una carrera que cuenta con algunos altibajos, probablemente su prolífica época dorada sea cinematográficamente inigualable pero sin duda esta se trata de una pieza de las más sentimentales y que se sienten más cercanas al Almodóvar humano.

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Post Author: Enrique Bohorquez

En matrimonio con la ciencia, pero amante de las letras, la historia y la farándula,